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miércoles, 27 de agosto de 2014

"Pobreza infantil": Falsa caridad

Por Carolina R. Tenaz

Enciendo la televisión, y veo un anuncio en el que aparece una madre sola que podría ser yo misma, ofreciéndole a su hija un trozo de pan.  La madre, con una voz que delata tristeza, le dice a su hija que es un bocadillo mágico porque puede ser de lo que la niña se imagine…  Este comercial pone de relieve una situación hasta ahora desconocida para los que crecimos viendo Barrio Sésamo: que hay niños y niñas que pasan hambre.  El caso es que siendo esto evidente, me escama, por sospechosa y fraudulenta la expresión “Pobreza infantil.” ¿Es diferente la pobreza de la hija a la de la madre del anuncio? ¿Tiene diferente origen y solución? ¿Resulta intolerable sólo la pobreza infantil?

Las peores mentiras son las que pasan desapercibidas.  La propaganda oficial nos proporciona amablemente conceptos-artefactos que como minas tratan de estallar y ocupar nuestro subconsciente sin que apenas nos percatemos de su peligro.  La propaganda más eficaz utiliza el camuflaje de la bondad, la bonhomía y la generosidad para inocularse en nuestros cerebros.  Bajo un disfraz de  virtud que apela a mejores sentimientos de cada uno se esconde un lobo que amenaza con zamparse nuestro razonamiento crítico.  Creo que el concepto de  “pobreza infantil” es de este tipo y resulta especialmente sospechoso cuando es utilizado sin rubor precisamente por quienes más han hecho por empobrecer a los papás.

Como he sugerido en el primer párrafo una cosa es que cada vez haya más niños y niñas pobres y otra muy diferente que exista una categoría de pobreza diferenciada.  ¿Por qué no existe la “Riqueza infantil”?  ¿Son los hijos de Beckham y de los reyes ejemplos de “Riqueza infantil”?  No existe porque evidentemente los hijos ricos son ricos porque lo son sus padres, del mismo modo que los niños y niñas pobres lo son por herencia.  En definitiva hay más niños pobres porque se han aprobado dos reformas laborales que han precarizado el trabajo asalariado, porque vivimos en un modelo económico que salva a los bancos mientras condena a seis millones de personas a la exclusión y porque hay una corrupción generalizada de la política que siempre trabaja al servicio de los y las explotadoras. 

Contrariamente a lo que pueda parecer la “Pobreza infantil” se diferencia del resto de pobrezas no en la edad de quien la sufre, sino porque es la única que pasa por ser inadmisible e intolerable.  A los ojos de los conservadores que nos gobiernan la pobreza no es un problema de injusticia social.  Al contrario, es la condición natural y merecida de quien no es apto dentro del sistema económico.  La pobreza no es solo necesaria sino justa, por eso tratan de eliminar todos los colchones sociales que la mitigan.  Eso sí, parece más complicado de justificar que un niño por el hecho de haber nacido en una familia empobrecida pague por los errores de sus padres.  Por eso es necesario hacer categorías dentro la pobreza: la infantil que es intolerable; y la de los demás, no sólo es tolerable sino que hace justicia.  Por esta razón no existe esta categorización de la “riqueza” porque a ojos de los que se han inventado lo de “Pobreza infantil” la riqueza siempre es justa, incluso la heredada.

Pero es que además, como casi toda la caridad, se trata de una mentira interesada cuyo objetivo real es el de blanquear conciencias al tiempo que se sigue machacando a las y los empobrecidos.  Los “enriquecidos” consiguen así dar una imagen de bondad y humanismo mientras impiden que se apliquen las políticas adecuadas que atacan al origen del problema porque ponen en peligro sus privilegios.  Si se pone el foco en la “Pobreza infantil” obviando el origen paterno-materno de la misma, se está queriendo sustituir la caridad por la justicia.  Los enriquecidos acusan implícitamente a los padres y madres empobrecidos de incapacidad a la hora de criar con garantías a sus hijos, y de hacerles padecer por sus propios errores. 


La falsa caridad aplicada a la infancia ha provocado en España desmanes y sufrimientos que nos dejan estupefactos.  Vivimos en un país en el que la existencia y el uso de conceptos como “Pobreza infantil” ha promovido el negocio capitalista más repugnante que existe:  El robo, secuestro y venta de niños y niñas a familias enriquecidas.  Todo ello bendecido por una falsa moral católica que veía mucho mejor promover la compra de niños por parte de explotadores con la coartada de buscarles un futuro mejor que favorecer el que tuvieran una vida digna en el seno de su familia real.  Si no queremos volver a vivir estas miserias morales dejemos de utilizar términos que nos abocan a la caridad y destierran la justicia.  Todos nacemos iguales, la pobreza de los niños se combate con otras políticas diametralmente opuestas a las que nos han llevado a este punto y los que más utilizan conceptos-trampa como “Pobreza infantil” se muestran dispuestos a abrir comedores en verano pero no a cambiar las políticas inhumanas que son la causa de los sufrimientos de padres, madres e infancia.

Algunos artículos de Carolina R. Tenaz:
Cristino y las cristinadas como síntoma
Caída de ventas en barrena del periódico DB 
Castilla no es país para jóvenes
Judas era de Gamonal
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Papá ¿ mamá es de la kale borroka?
Diario de Burgos: una mentira de 120 años
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6 comentarios:

  1. Estupenda reflexión, análisis que acierta de pleno y saca a la luz la utilización interesada del lenguaje.

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  2. Madre mía, cuánta razón lleva la reflexión que hace este post...

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  3. QUE SE JODAN!!!!!!!!!!!!!!!, es la respuesta oficial que subyace en las politicas conservadoras...expresado magnificamente por Andrea FABRA.........., representante de los ciudadanos de Castellon de la Plana por el PP.

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  4. Desde la Asociacion GSIA, nos hemos permitido replicar este post, porque más claro no se puede decir...
    http://gsia.blogspot.com.es/2014/08/sospecha-de-fraude-en-la-expresion.html
    La pobreza infantil no existe, sin la pobreza del resto social....
    Pero sí desenmascara la generacion sistémica de la pobreza por parte de las politicas actuales.

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  5. Como sugiere Carolina en este artículo, cuando añadimos el adjetivo "infantil" para calificar un hecho, estamos creando un objeto diferente, que en su origen lleva ya aparejado un conjunto de significados que actúan eficazmente en el imaginario colectivo. Así la pobreza "infantil" parece una forma distinta de pobreza, tanto en sus causas, como en sus consecuencias o en sus pretendidos remedios. Un modo de pobreza que parece no reclamar justicia, sino caridad, con la cual se puede engañar a la mala conciencia, pero ni se roza la cuestión de la desigualdad.

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