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lunes, 30 de noviembre de 2015

Las Guerras y armamento aceleran el Cambio Climático


Por Acacio Puig

Cuando a partir de hoy, 30 de noviembre, François Hollande opere como anfitrión en Paris de la Cumbre  sobre Cambio Climático -COP 21- … el diablo estallará en carcajadas.

Hollande y su primer ministro Valls, representantes de la muy colonialista República Francesa, enmascaran con los históricos ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, una nueva irrupción belicista en el gran Oriente Medio mediante el bombardeo masivo de territorios supuestamente controlados por el “Estado Islámico” (“ni estado, ni islámico”, apostillaba recientemente un experto arabista, profesor en la Complutense madrileña).

La Marsellesa en las escuelas, el trimestre de estado de excepción, las banderas en las ventanas y la declaración de suspensión de derechos humanos son pretexto de la guerra, acompañan la gira internacional con que Hollande incita a sus aliados a la gran coalición. Parece esperar  que la iniciativa le instituya como el gran hombre de estado que nunca esperó ser.

De momento, monsieur le Président, sube en apreciación ciudadana según las encuestas en la barahúnda de ardor guerrero en que también compiten sus oponentes a las futuras elecciones presidenciales.

Todo vale de nuevo, en la guerra contra un terrorismo de origen tan dudoso y cobertura tan mercantilista como el que simbolizó el desaparecido Bin Laden. Un terrorismo cuyo objetivo en Paris ha sido la población civil y por tanto similar, en sus criminales resultados, a los efectos colaterales de las operaciones bélicas  democrático-occidentales, el terrorismo de los Estados que arrasan  amplias zonas de África, como ayer Afganistán, Iraq, permanentemente Palestina y ahora, territorios históricos de la Gran-Siria.

Y por desgracia todo es más fácil ya para quienes aprendieron la lección en la vieja indochina y su aplicación a fondo en las guerras contra Iraq: guerra sin imágenes, destrucción esencialmente desde el aire, soldados profesionales, magnificación del enemigo e intoxicación patriótica.

Además ¿A quien se le ocurriría, entre los casi 200 participantes en la COP 21, denunciar la guerra y la industria armamentista como aceleradores del Cambio Climático? Nada que temer.

La voraz “cultura” armamentista.

Ningún negocio más seguro que el de la industria bélica, dirigida a clientes que siempre pagan (los Estados, con dinero público). Ninguna trama más firme que la constituida por el complejo militar-industrial-ideológico. 
Ningún sector productivo-destructivo más opaco y especializado en ingeniería financiera y estadística, experto en  la ocultación por “razones de estado”. Redondo.

El ariete militar, que disuade contestaciones y allana el camino al expolio de materias primas, la desestructuración de mercados regionales y la implantación de transnacionales con apoyo o no de poderes títeres locales. Aún más sencillo resulta cuando se cuenta con la complicidad activa o pasiva de una ONU que, en lugar de arbitrar medidas de pacificación, encubre todo aquello que conviene aunque  contravenga los principios de su carta fundacional.

Desconfiando de cifras oficiales (pero sin posibilidad de obtener otras) el gasto mundial anual en guerras o en la preparación de conflictos parece situarse en torno a los 2 billones de dólares. Se trata pues de un gasto enorme que distrae recursos al desarrollo de países discriminados por el modelo civilizatorio, países condenados a los furgones de cola (¿de ganado?) del llamado tren del progreso. ¿Para cuando nuevas “filtraciones”  que ilustren sobre lo que supondrá el TTIP en el libre comercio transatlántico de armas?
Y recordemos, como un contrapunto brutal, el dato con que UNICEF solicita apoyos económicos: “Cada 20 segundos muere un niño por falta de vacunas”.

Ese “sector” destructivo, enmascarado tras el eufemismo de la defensa y seguridad, absorbe lo esencial de las inteligencias y recursos dedicados a la investigación científica, de modo que solo resta el triste consuelo de que las migajas sobrantes de la investigación bélica encuentren modestos usos en la investigación con fines civiles.

Hace ya un par de décadas que el informe de La Commision Mondiale sur l’environement en su apartado sobre Paz y Seguridad señalaba que la fabricación de armamento (nuclear, clásico, químico, biológico…) y las modificaciones que su producción introduce en los procesos económicos y la organización social, habían sido históricamente detectados como causas que agravan el cambio climático.

Y efectivamente, los recursos materiales-naturales usados en la producción armamentista son tan excesivos como imposibles de regenerar, son finitos en el planeta y su despilfarro  va en detrimento de su uso en otras tecnologías conectadas al desarrollo mientras se despliegan tecnologías alternativas realmente sostenibles.

Los procesos de fabricación, de transporte y  extracción masiva de minerales,  los recursos hídricos y  los combustibles necesarios en la producción de armamentos, suponen enormes consumos energéticos, degradación del entorno y contaminación creciente.

Baste decir, simplificando, que herramientas bélicas “sencillas” como los aviones caza F-18, queman entre los 2000 y los 6.800  litros de combustible a la hora y  que su mantenimiento y supervisión en tierra- fuera de operaciones- supone costes mínimos de 8.000 euros hora. 
¿Qué costes en recursos no renovables y combustible supondrán los  nuevos ingenios de bombardeo de una República Francesa que ocupa en el sexto puesto mundial en gasto militar? 
¿Cuál es el impacto del dióxido de carbono-bélico en el efecto invernadero? 
Nos gustaría conocer al respecto estudios de expertos independientes y con libre acceso a datos reales.

Algo más.

Siria y su entorno próximo ha venido siendo región privilegiada  en cuanto a cultivos agrícolas a los que logra dedicar más del 35% de su suelo. País tradicional productor de trigo, algodón, hortalizas, legumbres y aceitunas, destaca desde inicios de los años setenta del pasado siglo como exportador de trigo, algodón y… ¡petróleo! (ese regalo envenenado de la naturaleza tan codiciado por los expropiadores).

Hace ya dos años  que el ecologismo social denunciaba  que la sequía sufrida  en Siria entre 2006 y 2011 (muy probablemente causada por el cambio climático)  había desempeñado un papel muy importante en la inestabilidad  previa al estallido de la guerra. Las consecuencias de la sequía fueron brutales, dado que un 75% del campesinado perdió las cosechas y murió el 85% de la cabaña ganadera. La transformación social fue también enorme. 
A la catástrofe agro-ganadera  y ruina de muchísimas familias, sucedió la necesidad de pasar por vez primera a importar petróleo, la agudización de tensiones y demandas políticas populares. En ese contexto, el intervencionismo militar externo, la venta de armas a los bandos en pugna y la nula mediación de la ONU para proponer salidas políticas y pacíficas al conflicto hizo el resto, configurando el caos social, el éxodo de refugiados y la sangrienta militarización de la política.

Hoy, la nefasta intervención francesa desde el aire acompaña a la desplegada por la Rusia de Putin y a la de las nuevas “alianzas internacionales” en ampliación.
Es claro que la desestructuración a bombazos de regiones enteras no generará otra cosa que gente sin casa ni posibilidades de éxodo, además de desertización y envenenamiento de suelos, destrozo de acuíferos y siembra masiva de residuos bélicos en los territorios atacados. 

A los muertos durante los próximos meses se sumará así la liquidación de recursos propios de una agricultura tradicional  que son defendidos por Vía Campesina ante la COP 21 como el más eficaz antídoto al Cambio Climático en un contexto estratégico de Soberanía Alimentaria.

Sin embargo, ni Hollande, ni Obama,  ni Putin, ni Merkel, ni… -cada cual con su batido mental  de Jekyll y Hyde- dejará de expresar su honda preocupación ante el problema. Respecto a Rajoy, dudamos ¿volverá a citar  a su primo el meteorólogo que negaba el Cambio Climático porque ya  amenazaba temps fresc y lluvia? 
Lágrimas de cocodrilo en París, acariciando la idea de superar “flexiblemente” los objetivos de cumbres anteriores… y quizá añadiendo  que el futuro augura  novedades “ecológicas”, dado que el armamento sobre el que ya se investiga será  capaz de eliminar seres humanos…pero sin dañar el medio ambiente. En definitiva, el asesinato global pero sostenible.

Quizá así pretendan eliminar  el problema de los actuales 60 millones de refugiados en éxodo a causa de las guerras. El grave problema humanitario que se pospone (ya lo anuncia Merkel), ante la prioridad de la guerra contra el terrorismo.

-Sobre la lucha contra el terrorismo no añadiremos ni una línea. Los medios afines al poder ya se han encargado de la plena saturación patriotera del pensamiento cívico y la instrumentación canalla de nuestras víctimas- .




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