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miércoles, 20 de enero de 2016

La última jornada de Ettore Scola

Por Eduardo Nabal

Ettore Scola, nacido en 1931, era universalmente recordado por mostrarnos a esos dos vecinos (Mastroniani y Loren) resistiendo a la alienación del lenguaje del fascismo, ausentes ambos del desfile, confesándose en un gran bloque de pequeñas viviendas, vaciado por la visita de Hitler a la Roma de Mussolini. 

Un filme que llegó hondo en la España  que empezaba a salir del franquismo. Su filme más intenso pasará sin duda a la historia del cine y de la interpretación. Pero Scola trajo una renovada naturalidad y un cristalino sentido del humor al cine italiano, cuando sus grandes maestros empezaban a alejarse de la calle. 
Así, como en el caso de Fellini, contó con Mastroniani como protagonista de muchas de sus historias. Pero Scola no pretendió nunca hacer grandes discursos aunque sus personajes hablaran sin parar por las calles de las ciudades italianas. Heredero de sus maestros mostró la descomposición de la “gran familia italiana” pero también la amistad y la enemistad entre sus paisanos, dando un paso más allá de la tradicional comedia italiana en favor de una mayor profundidad psicológica y alcance social como ocurría en “Competencia desleal”,

“Splendor” o “Macarroni” donde enfrentaba (en todos los sentidos) a veteranos de la interpretación que lograban una suerte de humor serio, más cercano a la ironía inteligente que a la astracanada. El realizador ganó un premio al mejor guión por “La terraza” en 1980 y se convirtió en testigo excepcional de la Italia de su tiempo. Scola también hurgo en la historia y las historias de Italia (“La noche de Varennes”) y la influencia de los poderes fácticos pero nunca lo hizo con un tono solemne, sino más cercano a la sátira suave. 

Su cine es un cine de personajes, un cine de grandes actores y actrices, cercano a sus cuerpos y a sus rostros, mirados con una extraña capacidad no solo de comprender sino de ver más allá de la superficie. 

En torno a una mesa, vagando por una calle, transitando el pasado o persiguiéndose por un edificio de Roma, Scola estaba tan cerca de sus personajes que casi era un intermediario invisible con resultados cinematográficos inolvidables. Puede que nunca realizara una película tan impresionante y políticamente relevante como “Una giornatta particolare”, pero algunas de sus obras posteriores transmiten la misma u otras formas de humor y seriedad, de transparencia narrativa y ternura hacia sus personajes.


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