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sábado, 20 de febrero de 2016

Entrevista al activista y artista Trans Pol Galofre


Por Eduardo Nabal

Con Motivo de la publicación de "Políticas trans. Antología de textos trans en el contexto norteamericano" (Editorial EGALES, 2106) del que es copilador y co-traductor junto a Miquel Misse.

Hola Pol: Parece que se empieza a visibilizar la cuestión trans en el estado español a nivel teórico y  también en el activismo.  Tu y Miquel llevas años publicando sobre el tema, y parece que se ha abierto una brecha importante. Sin embargo ¿percibís  todavía el famoso exilio rural de muchas personas trans a las grandes capitales o a la permanencia en el armario en los empleos o en la escuela?
Pol Galofre: Lo del armario en el caso de las personas trans es bastante corto en el tiempo. Muy poca gente sostiene durante mucho tiempo la doble vida que implica no explicarlo en el trabajo o en casa. En el momento del inicio del tránsito y del inicio de los cambios corporales no hay armario que lo aguante. 
Después a medida que pasa el tiempo y la gente avanza con sus transiciones, no todo el mundo es capaz de pasar desapercibida. Eso de poder escoger cuando sales del armario es algo que poca gente trans puede hacer. 
La mayoría lo llevamos en la tarjeta de presentación directamente. Pero de hecho pienso que el que nos visibilicemos como personas trans es algo importante, incluso para aquellas que pasan totalmente. Porqué es así  como podemos generar espacios de existencia que sean más cómodos y más espaciosos para todas las personas trans que empiezan ahora sus tránsitos, y las que ya estamos ya aquí. 
-El libro que habéis compilado y, en algunos capítulos, también traducido contiene clásicos de Sandy Stone o Patrick Califia, nombres ya indispensables en el activismo LGTBQ de los noventa. ¿Pero supongo que hay cosas de las luchas o resistencias trans de EEUU que no son siempre extrapolables a nuestro contexto o siempre hay algo aprovechable?
Sí, nombres indispensables, pero muy poco traducidos. Sandy Stone, que es un referente inmenso de la lucha trans en contextos anglosajones, es muy poco conocida entre les activistas trans castellanoparlantes que no saben, no son capaces o no quieren leer textos sesudos en inglés.
Hay cosas del contexto norteamericano que son extrapolables y cosas que no tanto. La realidad es que estamos muy colonizados culturalmente por EEUU: consumimos su música, sus series, sus películas, sus programas de televisión, sus libros… Estos textos nos ayudan a reflexionar sobre la cuestión trans y orcomplejizan el debate. Son textos que ya se están utilizando en nuestro contexto y el hecho de que la mayoría no estén disponibles en castellano lo que genera es una división entre aquellas personas que son capaces de leer en inglés y aquellas que no División que en muchos casos responde a cuestiones de clase.
En lo que no debemos caer es en pensar que sólo puedes producir conocimiento si lees y escribes en inglés, es por eso que es importante traducir textos de estudios trans, pero también reconocer la producción de conocimiento propia o de otros contextos no anglosajones.



-Se habla de un caso legendario que se ha convertido ya en una película, el de Lili Eber,  “La chica danesa”. Muchos trans piensan (y tú estás en el mundo del documental) que deberían ser las personas trans las que interpretaran de una vez por todas esos papeles. ¿Cómo veis esa paradoja? Y también ¿Hay una historia que reivindicar o es difícil hablar de un pasado común monolítico?
Pol Galofre: La cultura trans debe estar producida en parte por personas trans. Eso siempre. No puede ser que seamos simplemente objetos y no sujetos activos de esa cultura. Si hablan de nosotras deben hablar con nosotras y no sólo como consultoras. Ahora mismo vivimos un momento en el que la representación de lo trans a nivel audiovisual mainstream está creciendo, pero me preocupa que muchas de esas representaciones las hagan hombres cis. 
Encuentro dos razones por las que eso no debería ser así: Primero que dado que ahora se nos empieza a ver en la televisión y en el cine, estaría bien que se nos empezase a ver de verdad. Es decir que casos como Laverne Cox de Orange Is The New Black, o Jamie Clayton de Sense8 no fuesen la excepción sino la norma. 
El hecho de tener personas trans actuando en producciones mainstream es un maravilloso referente para las generaciones trans futuras. Es un ejemplo de que se puede ser, se puede existir sin tener una vida necesariamente marginal. Es también un maravilloso ejemplo de que si quieres puedes llevar a cabo esos sueños locos de vivir con las estrellas y trabajar en Hollywood, porque ya hay gente que lo ha hecho, y sin esconder que son trans. 
Segundo que si quien se dedica a hacer los castings, por lo que fuere, no ha encontrado (o no ha querido encontrar) a una persona trans para hacer el papel de persona trans, lo mínimo, mínimo, mínimo, es que el papel de mujer trans lo haga una mujer cis, y el de hombre trans un hombre cis. Es el caso por ejemplo de Felicity Huffman en Transamerica o Chloë Sevigny en Hit and Miss. Cuando es un hombre quien representa a una mujer trans, o al revés, es como si estuviesen negando constantemente el género de las personas trans. Es como si estuviesen diciendo: en el fondo en el fondo, vuestra esencia, es el género (gender)  que os fue asignado al nacer, y por ello sólo os puede representar alguien que venga de ahí. 
En el libro hay un artículo maravilloso de Julia Serrano que hace un análisis de lo trans en los medios de comunicación. En él nos cuenta como prácticamente siempre que se representa a mujeres trans en el cine hay un momento en el que su “verdadera esencia masculina” queda a la vista. Se les cae la máscara de mujer y el público corrobora sus prejuicios de que en realidad aquello que estaban viendo es un hombre vestido de mujer.
-Yo pienso que lo trans afecta también a las personas llamadas cisexuales porque en ese continuum binarista hay un montón de excepciones y brechas más o menos marcadas. ¿Consideras esto una valoración muy superficial o el futuro debería estar fuera de las categorías?
Pol Galofre: No. El sistema sexo-género nos afecta a todas. El binarismo extremo nos afecta a todas. La correlación absoluta entre sexo, identidad, expresión y la presunción de complementariedad entre ambos polos nos afecta a todas. Lo trans es una forma concreta de rebelarse frente a ese sistema. 
Es una brecha muy visible de ese sistema, pero no lo es todo. No todas somos trans, porque si todas somos trans los problemas específicos que recaen sobre la población trans quedan invisibilizados. De la misma manera que lo hacen los problemas específicos de las mujeres con expresiones de género masculinas que en ningún momento han deseado transitar y que parece que ahora el mundo normalizado esté esperando a que transiten para que todo vuelva a quedar ordenado como antes entre hombres (cis y trans) y mujeres (cis y trans).
¿
Que puede que nosotros estemos luchando por un futuro luminoso en el que estas categorías de género dejen de operar? Sí, claro que sí. Pero de momento ese futuro no está ni en el horizonte. Por eso es importante nombrarlos, para visibilizar no sólo esos lugares de existencia sino también las opresiones que acarrean.
-Conozco gente se opera para evitar el sufrimiento no solo de la autoimagen sino en peligro de no ser tomados o tomadas muy en serio por su entorno más inmediato. ¿Crees que la imagen social y los dispositivos médicos siguen siendo determinantes?
Pol Galofre: Bastante. Vivimos en un mundo muy visual, y el género y la expresión de género están muy ligados a lo visual. Es muy difícil estar a gusto con la imagen propia, cuando esta no se asemeja a lo que de ella esperamos.
Desde ese punto de vista, la tecnología médica es muy útil para sentirse mejor con la imagen que se anhela tener, pero no debe ser la única respuesta. Sobre todo porque en muchos casos, por muchas hormonas y muchas operaciones, esa imagen anhelada no será nunca la que nos devuelve el espejo. Los dispositivos médicos son útiles, pero también debemos generar el espacio social para existir, para que nuestro bienestar no dependa única y exclusivamente de la imagen que nos devuelve el espejo. Reconciliarnos con nuestros cuerpos trans, cuerpos que son únicos, atractivos,   y bellos como tales.

El entorno más inmediato si no nos ve, no nos quiere o no nos sabe ver, se puede ir a freír espárragos. Cuando vuelvan y hayan reflexionado se lo podemos volver a explicar para que nos acepten tal y  como somos.
Claro que hay familias que se piensan que todo es una fase hasta que no ven modificaciones corporales físicas. Hay otras que aun así lo siguen pensando, otras que sólo necesitan la afirmación de esa persona a la que quieren, otras que necesitan que pase tiempo… A veces las personas trans esperamos que nuestras familias hagan en una semana el recorrido que nosotros llevamos haciendo en nuestra cabeza durante años y eso no siempre es fácil. A la gente hay que darle tiempo, hay muchas familias para quien la opción de ser trans simplemente no existe en su imaginario.
-Habláis de la valoración de lo trans en diferentes culturas y momentos de la historia. Laqueur habla de “La construcción del sexo”. Pero el saber que algo es cultural como decía la ensayista Eve Kosofsky Sedgwick “no significa que se pueda cambiar así  alegremente  de la noche a la mañana

Pol Galofre: Claro que no. Que algo sea cultural no quiere decir que sea fácil de cambiar. Por ejemplo: es muy complicado dejar de performar “hombre” y “mujer” porque en nuestra cultura no hay espacio para más. Lo estamos creando, poco a poco. Es importante recordar y mostrar cómo en otras culturas y en otros momentos de la historia sí que ha habido espacio para más géneros. Muchos más, y no de forma marginal. Es importante hablar de ello y mostrarlo porque si no nos tomamos nuestro sistema sexo-género como algo natural, universal e inamovible. Pensamos - como sociedad - que naturalmente sólo existen hombres y mujeres. 
Mostrar que hay otras culturas en las que no es así evidencia que es una construcción social y que por lo tanto puede ser cambiada. Eso no quiere decir que ahora mismo seamos capaces de cambiarlo todo de la noche a la mañana, que seamos capaces de coger a nuestra familia, amistades, la gente de nuestra ciudad, quienes nos gobiernan… Coger a toda la población de Europa y su área de influencia y decirles: mira, a partir de mañana vais a entender que no sólo existen hombres y mujeres y vais a coger todos vuestros códigos, imaginarios e historia y los vais a cambiar por estos otros. 
Eso es imposible. Lo que hay que hacer es ir generando poco a poco esos espacios de existencia, esos imaginarios, para que nuestra cultura vaya mutando progresivamente hasta que haya espacio para ellos.

-Me encanta el capítulo de Susan Strycker sobre Frankestein.  Sobre todo porque cuando hablas de Frankestein todo el mundo piensa en el “monstruo” y no en el doctor. ¿Sentís que algunos discursos del feminismo tradicional o el humanismo de occidente deberían ser revisados?

Pol G: Primero de todo decir que creo que el feminismo como tal no existe. Existen los feminismos y son muchos, plurales, diversos y en constante revisión. Dicho esto, la confusión de pensar que Frankenstein es en realidad el monstruo y no el doctor es bastante común. El monstruo es tan monstruo, tan poco humano, que por no tener no tiene ni nombre.  Es el monstruo del Doctor Frankenstein. Es suyo, propiedad de quien lo ha creado y no tiene lugar en el mundo fuera de esa relación. El texto de Stryker “Mis palabras a Viktor Frankenstein sobre el pueblo de Chamonix” es un texto brillante al hacer la analogía entre la historia de Frankenstein y la transexualidad moderna tal y como la entendemos hoy en día que está íntimamente ligada a la medicina. Stryker utiliza esta analogía para hacer referencia a su propia ira como persona trans. 

Definitivamente es una de las mejores reflexiones del libro. Además ese reconocimiento del cuerpo trans como monstruos no implica que el resto del mundo cis no lo sea. Lo trans no deja de ser una forma muy visible de modificaciones corporales, pero hoy en día nuestros cuerpos están tremendamente producidos por la medicina. 
Empezando por las dietas, los anabolizantes, y demás polvos energéticos que toma la gente para realizar sus transformaciones físicas, las operaciones estéticas, los trasplantes, las operaciones de miopía, la industria cosmética, los tintes del pelo, el estilo de ropa, etc. Nuestros cuerpos están producidos, nuestra imagen está construida. 
Esto no quiere decir que tú mism@ puedas coger cada mañana y cambiarte por completo, simplemente que una gran parte del resultado final de tu imagen propia y tu expresión de género son fruto de la cultura en la que vivimos.



Pol Galofre Molero (Barcelona, 1987) es activista y sonidista especializado  en artes visuales y cine documental. Participa activamente en la lucha  trans y feminista en el contexto  de Barcelona desde  del 2005, actualmente es uno de los coordinadores del proyecto Cultura Trans impulsado  junto a gente como Miquel Missé , que promueve actividades de arte y  cultura para fomentar la visibilidad y los derechos del colectivo trans.

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