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lunes, 7 de julio de 2014

Eduardo Villanueva trabajando para Gowex


Villanueva tras la toma de posesión de la legislatura (junio 2011)
Por Lucas Mallada

La puerta giratoria en versión local. El defenestrado concejal de Burgos, Eduardo Villanueva Bayona, el joven tecnológico que impulsó el sistema wifibur en la ciudad, con la empresa Gowex, y que pretendía impulsar una reforma para ahorrar el gasto telefónico en el Ayuntamiento de Burgos, sorprendido con el carrito de los helados cuando fue incapaz de justificar una factura de más de 200.000 euros de gasto telefónico, al que hicieron dimitir para evitar dar explicaciones, dejando en el más absoluto ridículo a su compañero de bancada Ángel Ibáñez,….lleva trabajando desde entonces para GOWEX, una empresa que falsea sus datos. Tal para cual. (Todo esto se puede encontrar en hemerotecas digitales)


Acto 1:   Año 2011: El político y concejal electo de Nuevas Tecnologías Eduardo Villanueva y Gowex inundan de tuits las redes celebrando el éxito de la expansión del acceso sin cable (wifi) en diversos puntos estratégicos de la ciudad, a través de la empresa de Jenaro García (Gowex).

Acto 2: octubre de 2012: gastos de dinero público excesivo y no justificado, realizados por Eduardo Villanueva. Sus compañeros asustados le sacrifican, en lo político.

Acto 3: Se incorpora a la empresa Gowex, con la que ya tenía abundantes puentes…., no hay problema, siempre encuentran un sitio para caer de pie, y cobrarse los servicios prestados.


 Se consuma la puerta giratoria. Aunque con estos movimientos no se quebranta ley, norma o disposición legal alguna, genera enormes sospechas y daña de forma irreparable la acción pública de los que tienen que ser impecables servidores públicos. El mal ejemplo de Eduardo Villanueva nos sitúa a los ciudadanos con desconfianza frente a las instituciones que regulan nuestra convivencia, porque nos ofrecen evidencias de que trabajan para las corporaciones, de cuyo tremendo poder nos tendrían que proteger. Son sus servidores y no los nuestros, equivocan su objetivo, o en el peor de los casos, se venden sin rubor alguno.

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Ring ring, ¿Eduardo Villanueva por favor?