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domingo, 20 de diciembre de 2015

Agustín Gómez Arcos, ejercicios de Memoria y Literatura


Por Eduardo Nabal

Gracias a la editorial “Cabaret Voltaire” y, a pesar del precio exagerado de sus cuidadosas ediciones, no solo hemos podido conocer al joven marroquí Abdelá Taia o releer a Margarite Duras (“El marino de Gibraltar”) sino, sobre todo, se nos ha devuelto la voz y las palabras uno de los mejores escritores del siglo pasado y también de los peor conocidos, debido a los estragos del franquismo y el post-franquismo. 
Me refiero al andaluz afincado (o más bien exiliado) en Francia Agustín Gómez Arcos uno de los narradores más originales de la literatura bien sea en francés o en castellano, conocido como novelista, poeta o dramaturgo. 

Gómez Arcos hasta hacer poco era uno de esos autores de culto pero que parecía destinado a minorías, sin especificarse quienes eran esas minorías que lo leían a escondidas. Máxime cuando era cada vez mas conocido y reconocido en el país vecino en los años setenta. Pues bienAgustín Gomez Arcos no es solo un autor teatral de primera con obras ya míticas como “Los gatos” sino, ante todo, un narrador de prosa original, atrevida, inquieta, inconfundible, una de esas flores raras de la literatura y la narrativa con mayúsculas que además sigue resultando incomodo a los que pretenden que el pasado histórico de una España negra, posbélica, herida, represora, sacudida por la dictadura, los microfascismos y la beatería permanezca en sus fosas comunes y vuelva a entrar en las urnas. 
Gomez Arcos nace en Enix (Almería) en el año 1933, en el seno de una familia
republicana que verá como las sombras de la dictadura se ceban en sus integrantes de diferentes formas. 
Del Madrid de los años cincuenta se traslada a Francia donde escribe sus mejores novelas, algunas entre las mas perturbadoras de la literatura universal reciente como “El cordero carnívoro” o “María República”-sobre una joven prostituta “ingresada” en un convento (poco
antes de la muerte de Franco) , libros de una prosa límpida, pulida, afilada y a la vez tendentes a la alegoría y a la abstracción, llenos de ironía buñuelesca y a la vez de belleza lorquiana en sus expresiones con influencias de grandes autores europeos como Genet o marroquíes como Mohamed Chukri. 
No en vano una de sus novelas, plagada también de simbolismo y denuncia social, se
llama “Marruecos” y gira en torno a las difíciles peripecias de un joven en un
país empobrecido o coartado en la libertad de expresión y movilidad. Pero es la España franquista con su doble moral y sus poderes fácticos omnipresentes, mezclando realismo, sátira de costumbres y poesía desgarrada. 
Arcos recuerda la represión fascista en diferentes lugares, por ejemplo, en “Ana no”, acerca del oscuro periplo de una mujer mayor que va a ver a sus hijos a la cárcel en plena postguerra española. 
Y en esa misma época se ambienta su devastadora obra maestra “El cordero carnívoro” que va más allá de la provocación de presentar un incesto homosexual entre dos hermanos para, a través de los miembros de una familia de la época, retratar las formas de opresión,
silenciamiento y también las voces subversivas que nunca dejaron de estar lejos o cerca de censores o predicadores al lado del poder establecido. 

Dando voz a los que no pudieron expresarse entonces. 
Con cierta (pero depurada) anarquía de la construcción gramatical y semántica, en sus apuntes ideológicos, con meditado humor negro y pinceladas trágicas Gómez Arcos se fue convirtiendo en una de las figuras mas respetadas de la literatura francesa, obteniendo varios premios, pero el tema de su obra siempre fue esa España negra, temerosa, contradictoria y aterrada que dejó atrás en el exilio pero no en el tema de sus grandes novelas. Muchos (aunque no todos de sus libros) como “La enmilagrada” están protagonizados por mujeres que como la Juanita Narboni de Angel Vázquez (otro prosista original) o a su manera el argentino Manuel Puig se fijó en las voces femeninas como cronistas orales y llenas de
paradojas de una larga historia de amor, odio y oscuridad. 

Muchos de sus personajes son símbolos, otros de pronto adquieren una desolada, irónica o
aterradora humanidad. Alternando frases cortas y punzantes con párrafos de una belleza bizarra y estremecedora Gomez Arcos, vuelve como un fantasma insoslayable gracias a las cuidadas traducciones de Lydia Vázquez y Adoración Elvira Rodríguez, entre otros. Y no se trata solo de recuperar a los clásicos raros o quitar velos a los llamados “malditos” sino de ver cómo, a través de un uso poco común de la lengua y de un vocabulario inmenso y camaleónico, Arcos logra un mensaje universal de subversión a la tiranía de los poderes fácticos y sus formas de perpetuación a través de la religión, el ejército o la institución familiar tradicional. Junto a la sumisión o rebelión femeninas, Arcos trata la infancia de postguerra que le tocó vivir en libros devastadores en su crudeza como “El niño pan”, donde siempre hay, no obstante, espacio para la ilusión y la poesía, otro de los géneros que cultivó con éxito. 

Sin duda las novelas de Arcos son verdaderos talleres de literatura y como subvertir todo lo
que nos han enseñado en el plano ético y estético más convencional mezclando con a soltura la metáfora y la paradoja, el humor, el sarcasmo y el melodrama. Arcos experimenta pero no juega con artificios innecesarios sinoque busca un extraño equilibrio entre la virulencia de su mensaje y su forma particular, entre lírica y sombría de abordarlo. Otro tema presente por activa o pasiva en muchos de sus libros es la homosexualidad prohibida y la sexualidad reprimida en los años de la dictadura y su alianza con la Iglesia Católica. 

Así los dos hermanos de “El cordero carnívoro” despertarán pasiones y envidias entre otros hombres incluyendo los sacerdotes o maestros que dicen adoctrinarlos pero también intentan seducirlos. 
Es dificil poner a Gomez Arcos junto a otro autor, si acaso en el cine podría estar en algunos momentos cerca de Buñuel- con su hiperrealismo y humor sombrío- y en otros de Agustí Villaronga- con sus atormentados personajes y su mirada homoerótica- pero su procedencia andaluza y su “acento francés” lo hacen inconfundible, como un cronista capaz de contar el horror o la mezquindad humana de la forma más hermosa u original posible. Mago de las palabras, demonio de los conservadores y eterno juguetón del lenguaje Gomez Arcos es una de las principales voces literarias en el campo de eso que se llama “recuperación de la memoria histórica”. Pero el eco de su literatura se redobla en estos tiempos de pobreza renovada y oscurantismo a la vuelta de la esquina, de refinadas
formas de caciquismo y censura ideológica. 

Pocos autores que escribieron o escribirán sobre el ambiente doméstico y social bajo la dictadura en España se atreverían, como el hizo en “El cordero carnívoro” no solo a contar una extraña historia de amor fraternal y rencores familiares sino tampoco a acabar una de
sus obras mayores con un párrafo así: “En fin, que estoy contenta, muy contenta. 

Me he demostrado a mi misma que cuarenta años de silencio no me
han matado, como a vosotros dos. Ah y, sobre todo, siempre es bueno saber
que a los sesenta y tres años todavía se puede ser terrorista. Eso de verdad,
da la vida”.

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