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jueves, 17 de diciembre de 2015

El show electoral y los medios de comunicación

Por Juan Argelina

TODO LO QUE SABES ES MENTIRA. MAS SOBRE EL SHOW ELECTORAL 

PARTE 2
 Pero sin duda es el aspecto emocional de los mensajes lo que más impacta en la opinión pública. El inconsciente se abre de par en par cuando las emociones impactan en la mente. Es un método clásico de manipulación, ya que conecta directamente con los miedos, temores, deseos y compulsiones más primarios del ser humano. 

Además es la mejor forma de implantar ideas o inducir comportamientos. En los dos extremos ideológicos del espectro político todos recordamos por un lado la campaña de 2008 con la niña de Rajoy a la que puso como ejemplo de la niña que le gustaría que viviera en España, con educación pública y gratuita a su alcance, incluso en inglés, con sanidad pública gratuita y universal, con unos padres que formaran una familia, con vivienda y empleo ajustados a sus necesidades, etc. (¿qué habrá sido de ella?); y por otro, el último "minuto de oro" de Pablo Iglesias en el debate a cuatro organizado por Atresmedia en esta actual campaña electoral. Sin duda, la alusión a la necesidad de conservar la memoria de los últimos desastres era muy útil y conveniente. El resto, con la sonrisa puesta en las desgracias propias y ajenas, no fue más que demagogia poética. pero muy efectiva electoralmente.

Es evidente que el recurso emocional es útil en una sociedad adaptada a la mediocridad. Los medios también nos han instalado en la ignorancia. En palabras de Chomsky: "La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores".  Me indigno cuando oigo a Albert Rivera defender con fuerza la enseñanza en inglés en un sistema educativo marcado por el abrumador fracaso de la implantación del mal llamado "bilingüismo" en las escuelas e institutos públicos. Está demostrado que esta medida ha aumentado las desigualdades y la segregación entre los alumnos con alto o bajo nivel de inglés, dividiéndolos en grupos separados en los que, o bien se concentra el fracaso escolar o se fomenta la "excelencia". Utilizando el inglés como excusa, se trata de aplicar una medida ultraliberal, que usa la educación para marcar el futuro de ricos y pobres desde la infancia. Éste ha sido un engaño que pocos han sabido comprender. Por supuesto, todo esto va acompañado de recortes presupuestarios, aumento de alumnos por aula, disminución de becas y subida de tasas de matriculación universitaria. Es una pena que, al no tratarse de un sector con resultados productivos inmediatos, no entre dentro de las prioridades electorales. Éste es uno de los silencios más abrumadores. 

Al mismo tiempo es vergonzoso que desde muchos programas de gran audiencia se estimule a la gente para que sea complaciente con la mediocridad, y piense que esté bien el hecho de ser estúpido, vulgar, inculto o malhablado, admirar a personas sin talento alguno y despreciar lo intelectual o creativo. La "espectacularización" de la política, convertida en un show tipo "Sálvame", incide en esta vulgarización de la sociedad. Ya no se sabe cuál es el espejo de cuál. Ya no se busca la racionalización del discurso, el desarrollo de las ideas, la comprensión de los temas, porque en los programas televisivos se busca la diversión, las respuestas ingeniosas, las imágenes impactantes. 

El nuevo periodismo busca únicamente el titular, la frase corta, el mensaje inmediato. En definitiva, anular el pensamiento y la crítica, fomentando la frivolidad. Los titulares se llenan con el "candy crush" de Celia Villalobos en el Congreso, los bailes de Soraya Sáenz de Santamaría en el Hormiguero, y las declaraciones de Pedro Sánchez afirmando que "Sálvame es un referente social". Ya no sabemos si estamos en un debate político o en una peluquería. Nuestros políticos no buscan mejorar la calidad educativa o cultural de la población. Es más, en un efecto rebote, la degradan. En medio de todo, han tratado de culpabilizar a la gente de su propia desgracia, acusándoles indirectamente de poco inteligentes, al no haber usado suficientemente sus capacidades o su esfuerzo para prever su estado actual. Han tratado de anular al individuo y desprenderse de su propia responsabilidad en la crisis. El propio Mariano Rajoy afirmaba en una entrevista en La Razón: "Hemos comprado a crédito segundas viviendas, televisiones de plasma, viajes al Caribe,... y esto no es razonable" (3-12-2012). La diputada Pilar Sol decía literalmente en las Cortes Valencianas en noviembre de 2012: "Hay casos de familias que efectivamente estaban en situaciones de necesidad y que a lo mejor se compraban luego una televisión de plasma o utilizaban el dinero para otras cosas no tan apropiadas y que no es el momento ni el lugar de comentar aquí". Es siempre más útil echar las culpas a los ciudadanos en vez de cargar contra quienes financian sus propios partidos, esos bancos a los que hubo que rescatar con dinero público y que aún se ríen en nuestra cara.

Está claro que el conocimiento que los mass media tienen de nuestra psicología hace que no seamos plenamente conscientes de su poder de manipulación, y de cómo pueden crear "verdades colectivas", modificando la realidad dependiendo de las necesidades del mercado y de los intereses de sus dueños.  El entramado político no es más que el intermediario entre el mundo financiero y una ciudadanía convertida en masa de consumidores, y los medios de comunicación son su herramienta de control. En esta situación, las elecciones entran en el juego como un show más. Hasta ahora, el bipartidismo no nos daba sorpresas. 
Tanto PP como PSOE ofrecían una alternancia que hubiera envidiado Cánovas del Castillo. 

La Ley Orgánica del Régimen Electoral General (1985) señala que los representantes se asignarán en función del sistema d'Hondt, un procedimiento de conversión de votos en escaños, que se caracteriza por dividir a través de distintos divisores los totales de los votos obtenidos por los distintos partidos, produciéndose secuencias de cocientes decrecientes para cada partido y asignándose los escaños a los promedios más altos, lo que favorece a los partidos mayoritarios, especialmente al reducir el porcentaje mínimo al 3%. Esto ha hecho desaparecer la proporcionalidad, y ha creado el concepto de "voto útil", que se utiliza para diferenciarlo de aquel que va dirigido a los partidos, que, al no alcanzar el número de votos suficiente como para alcanzar a los mayoritarios, o no alcanzar ese 3% exigido, se quedarían sin representación. 
El sistema d'Hondt penaliza por tanto la dispersión del voto, haciendo posible por ejemplo que partidos como IU, pese a tener casi un millón de votos en 2008, sólo obtuviera 2 diputados, mientras que CiU, con doscientos mil votos menos, obtuviese 10.  Esto demuestra una cosa bien clara: los sistemas electorales son mecanismos que se utilizan con fines políticos para conseguir determinados objetivos, y aquí lo que se quería era conseguir una nueva versión del turnismo decimonónico: si antes era un partido conservador y otro liberal, ahora se trata de uno igualmente conservador y otro socialdemócrata. Por ello los partidos pequeños, exceptuando los nacionalistas, cuya concentración de voto se ve beneficiada, siempre han pedido la modificación de la ley electoral. Veremos ahora, con la irrupción de los dos nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, si ya no sólo es una necesidad de los minoritarios. 

Tradicionalmente, la seguridad de la alternancia de los grandes en el poder ha favorecido el clientelismo y ha hecho revivir con fuerza el viejo caciquismo local, que tanto ha dado que hablar en estos años de crisis y corrupción. La tan añorada regeneración democrática (que también recuerda los viejos  tiempos del turnismo decimonónico con Joaquín Costa) quizás se quede en espejismo si la dinámica interna de los partidos políticos no cambia, sobre todo teniendo en cuenta el funcionamiento del sistema económico (totalmente dependiente de los bancos y las grandes corporaciones tanto nacionales como internacionales) y la absoluta subordinación de España respecto a los mandatos de la Unión Europea. 

El caso griego en sintomático y nos debe hacer plantear seriamente las posibles soluciones de nuestros problemas tanto políticos como económicos si éstas sólo dependen de partidos políticos totalmente anclados en el viejo sistema. Cuando los políticos deben más a sus apoyos financieros que a sus votantes, mal vamos. Esto es lo que hace que el partido se parezca más a una tribu donde sus integrantes se apoyan mutuamente sean cuales sean sus acciones, y que muchos de sus votantes lo confundan con la fidelidad a su equipo de fútbol.  Quizás esto se parezca más a la "simiocracia" que describía Aleix Saló, y, "a veces crea que no hemos cambiado tanto respecto a aquella sociedad de tribus iberas, asentadas cada una en su monte amurallado, cada cual con su cacique, en conflicto constante las unas con las otras, acostumbradas a que los avances y la modernización llegaran de fuera".




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