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martes, 2 de febrero de 2016

El robo de bebés por la dictadura franquista y sus herederos

Por Acacio Puig

El robo de bebés  por la dictadura franquista y sus herederos.
Un debate en Aranda de Duero.


El 29 de enero y de la mano del compañero  José María -portavoz de la asociación En  medio de Abril- Soledad Luque y José Luis Gordillo desvelaron en Aranda las tramas político-mafiosas responsables  del robo a sus legítimas familias de 300.000 bebés.

Soledad Luque (soledadluquedelgado@gmail.com) presidenta de la asociación Todos los niños robados son mis niños y José Luis Gordillo (joseluisgordillo@gmail.com) periodista autor del reciente libro Los hombres del saco, esclarecieron durante la hora y media de exposición y debate en  la Casa de Cultura, las claves del delito. Como alternativa, presentaron las actividades de este  significativo sector  Memorialista enfrentado a al andamiaje de los aparatos del franquismo y sus herederos desde la Transición hasta  hoy.

Porque efectivamente, las cloacas repintadas del viejo régimen perviven en 2016 blindadas ante la verdad y justicia que deben devolver su identidad a quienes las circunstancias forzaron a  crecer en familias ajenas a su cuna. Cuarenta años después de la muerte de Franco, el último dirigente del fascismo histórico, sigue pendiente la reparación a madres, padres y hermanos de miles de bebés robados,  reconociendo su existencia y  favoreciendo el  encuentro con aquellos bebés vendidos como mercancía tras decretarse (en falso) su fallecimiento.

Del desamparo a la reivindicación.
Señalaba Soledad Luque que el delito que constituye el robo de bebés está tan vinculado a la dictadura como a una democracia construida mediante los pactos que alumbraron la transición, una auténtica “transmisión” de poderes para reducir a mínimos el cambio del viejo régimen y mantener su impunidad.

Un delito de lesa humanidad que no prescribe y está por encima de leyes de Amnistía-Punto final (1977) y las construcciones constitucionales (1978) y sin embargo, un delito enmascarado por poderes judiciales y políticos que, aún en 2016, siguen empeñados en mantener abiertas precisamente las heridas de los vencidos y de los humildes, víctimas de un régimen criminal basado en el terrorismo de estado que asumió al pie de la letra y durante un largo período la ideología nazi-fascista.
Y victimas después del poder del dinero para comprar familia, que ejercieron tantos neo demócratas instalados en el pos franquismo.

Si en su origen (década de los años cuarenta del pasado siglo) las víctimas fueron principalmente mujeres republicanas a las que el régimen arrebataba su prole por motivos de limpieza ideológica (impedir el desarrollo del “gen rojo” teorizado por el doctor Vallejo Nájera) durante las décadas de los 50-60-70, el régimen extendió el latrocinio de criaturas a las mujeres vulnerables (familias numerosas, madres solteras…) cuya identidad común era su pertenencia a clases modestas, a las gentes de abajo.

Las víctimas (familias robadas, bebés robados) tenían muy difícil hacer frente a verdugos que no eran individuos aislados sino delincuentes de alto estanding, perfectamente insertos en  tupidas redes institucionales franquistas en las que se entretejían  altos funcionarios, órdenes religiosas, médicos ilustres y gente adinerada…  Operaban todos con la prepotencia (y el ánimo de lucro) que les garantizaba su impunidad. Ellos “hacían la ley” se atribuían los derechos mientras se los negaban a sangre y fuego a la mayoría social.

Señalaba José Luis Gordillo que sus años de investigación y trabajo de campo con afectados le autorizan a calificar de extrema “anormalidad democrática” el que el robo de bebés se prolongase hasta el presente y que España bata el record mundial de países en los que el robo de bebés ha sido lacra moral.
 En la inmediata pos guerra Vallejo Nájera fue el primer ideólogo de esa práctica fascista de “limpieza ideológica de sangre” (extirpar el gen rojo) pero otros teorizaron lo mismo desde sus estudios en la nazificada Universidad de Heilderberg.  Fue el caso de  médicos como Cipriano Pérez Arapiles, con largo recorrido iniciado como cuadro de las JONS y que ejerció la profesión  hasta casi el año de su muerte, en 2005). Es aparato ideológico formó parte del “equipamiento” transmisor del espíritu hitleriano que vertebraba la organización alemana Auxilio de Invierno que se traspasó a la franquista Auxilio Social.
La entidad Auxilio Social se ocupó entre otras cosas y desde su fundación, en la “reinserción” con nombre falsos de bebés robados como medio de evitar “contagios  con la enfermedad roja”. Su labor  se completó desde mediados de la década del 40 con el establecimiento de Maternidades Provinciales que, en parte,  operaron conchabadas como discretas reservas de criaturas y su tráfico  encubierto e impune por el miedo a la protesta que llenaba el país de muertos y presos.

La posterior incorporación de la Iglesia Católica (a partir de la década de los 50) a ese latrocinio revestido como “redentorista y humanitario” reforzó la trama de “suministro de bebés a clases pudientes de intachable moralidad”. Y como subrayaba Gordillo favoreció el consiguiente enriquecimiento  de ladrones que mercadeaba con precios que llegaron a “tasar” en 400.000 pesetas de la época cada bebé vendido.
Son las tramas de ese expolio de seres humanos, las que perviven (por acción u omisión) y dejan pistas aún hoy hasta  organizaciones poderosas y vigentes  como el Opus Dei.

Es decir, que el mercadeo no acabó con la democratización y la Constitución del 78. Tanto Soledad como José Luis señalaban que al menos hasta 1993, existen casos contrastados de desaparición injustificada de bebés.  Eso les confirma que además del recuso a la Justicia Universal cuando una trama no acabó en 1977, ni siquiera está absuelta por la interpretación exculpatoria  dada a la Ley de Amnistía. Siguió desarrollándose el  delito, de modo que  se abren diversas vías que permiten dar salida a la reivindicación de investigar identidades, forzar el compromiso institucional para que se responsabilice de ello y se favorezca el agrupamiento familiar pendiente. Un agrupamiento siempre voluntario, evidentemente, pero que al menos cuente  con el conocimiento de causas a que tienen derecho las víctimas.

Y es en ese terreno de la reivindicación en el que las gestiones internacionales ante la Justicia Argentina (asociaciones de querellantes, querellas individuales…) las nuevas iniciativas políticas desde los municipios del cambio que  empiezan a presentarse como querellantes ante los crímenes pasados, el apoyo en el consejo de expertos comprometidos (como Pablo Parente, fiscal argentino para casos de niños robados) la extensión de la sensibilización social (como este acto del 29  precedido y continuado por otros) y la movilización social de afectados y solidaridades, las que  nos abren puertas a la esperanza.

 Hasta hoy, las falsificaciones han sido permanentes, las absoluciones constantes, la pasividad judicial tremenda (dado que el 90% de las denuncias se archivan en los juzgados provinciales) y el caso omiso a la ya añeja circular de la fiscalía general del estado encomendando iniciar investigación y proceso…Operan en contra.
Pero queda impregnar a la sociedad, difundir los hechos e investigaciones como la emprendida por José Luis Gordillo, emplazar a los ayuntamientos del cambio y exigir voluntad política  a todos los  partidos que rechazan la herencia de la dictadura franquista. El camino está abierto y procede el apoyo que profundice el conocimiento y la más amplia solidaridad.

Artículo escrito por Soledad Luque en la revista Viento Sur:

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